El trabajo en guarderías, vocacional y especializado

martes, 29 de agosto de 2017  


El trabajo en guarderías, vocacional y especializado

 
Cuando pensamos en una guardería, la primera imagen que nos viene a la cabeza es de algunos niños llorando mientras se separan de sus padres y se quedan con sus profesores. Una vez pasado el berrinche, juegan y se divierten. Niños de 0 a 3 años gritando, cantando y entreteniéndose con un montón de juguetes. Custodiados y dirigidos por sus tutores, normalmente mujeres, con mucha paciencia y gran entusiasmo. Sin duda, enfrentarse a clases de 20 niños necesita de vocación -y de valor también-, pero por supuesto es una tarea que necesita de formación superior especializada.

Llegan al trabajo con títulos de magisterio o grados superiores de educación infantil. Tanto en la carrera como en la formación profesional realizan prácticas, supervisadas y evaluadas. Conseguir una plaza en una guardería pública es casi imposible, debido al reducido número de plazas que sacan las administraciones. Las guarderías privadas tampoco ofrecen una gran cantidad de empleos nuevos, porque se intenta reducir lo máximo posible los gastos en personal. Tras varios postgrados o cursos especializados, una vez están sobradamente preparados y han conseguido su ansiado empleo comienzan con la batalla diaria.

Con tanta preparación es normal que se empiece a destruir el mito de que las educadoras infantiles solo juegan, duermen y cambian pañales a los niños y niñas de sus clases. Cuidar, limpiar, cepillar, dar de comer y dormir a 20 o 30 bebés necesita obligatoriamente de conocimiento, organización y profesionalidad. Pero, además, han aprendido a enseñar y a pesar de que los alumnos tienen hasta 3 años de edad, deben ser los primeros acompañantes de los niños en su proceso relacional en el entorno educativo.

Son profesionales de la educación infantil, deben tener los conocimientos necesarios del desarrollo y aprendizaje infantil. Deben contar con los medios necesarios para estimular las habilidades de los niños y para ello debe trabajar tanto individual como con el grupo. Ahora más que nunca tienen que prepararse también en las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza y conocer -aunque no puedan aplicarlo en sus clases- sistemas educativos como el de Finlandia, considerado de los más punteros del mundo.

Las aulas también deben de estar preparadas y esta también es función del educador. El ambiente debe ser el adecuado para cada actividad que realicen los niños y deben de diferenciarse tanto el entorno como el tono y las normas en las diferentes tareas del responsable con los alumnos. Se debe desarrollar la atención del niño, ya que es una capacidad que se aprende desde la edad más temprana y va mejorando a medida que crece. Los niños más pequeños deben vivir experiencias que les ayuden a su desarrollo personal, tienen que empezar a expresarse. Los educadores infantiles les acompañan en su crecimiento, estimulan su sistema psicomotriz y realizan actividades para el desarrollo motor y sensorial.

Este tipo de trabajo necesita de una gran implicación con los niños, por eso es requerimiento fundamental la parte vocacional del empleo, pero trae consigo una parte muy gratificante tanto didáctica como emocionalmente.

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